
| Jaume Ganivell, un industrial catalán, financia una cacería de perdices en la finca de un marqués a la que asisten ministros y aristócratas del régimen franquista, con el objeto de obtener ayuda para colocar su mercancía (porteros electrónicos) en el mercado nacional. Cuando se disponen a comer se enteran de que Luis José, el maduro hijo del marqués, casado con la antipática Chus, se ha encerrado en las dependencias de servicio del palacio con Vera, no dejando entrar a nadie. Comienzan difíciles negociaciones y, al fin, Jaime se ofrece a Alvaro, el ministro, para lograr que Vera abandone a Luis José, haciéndose pasar por productor de cine y ofreciéndole un contrato como actriz. Otro altercado viene a romper la tensión: Chus, la mujer de Luis José, se ha enterado del encierro, ha montado en cólera y viene hacia la casa dispuesta a cargar al viejo marqués con las culpas de la degeneración de su hijo. Fuera de sí, y no encontrando manera de fastidiar al viejo marqués, la emprende a patadas con una reliquia intocable: una colección de recuerdos de antiguas amantes del marqués, que éste guardaba como oro en paño en frasquitos de cristal. La indignación lleva al anciano al borde de la hemiplejía. Habitantes de la finca, invitados, secretarios se congregan para verle morir. Cuando todos rezan el rosario aparece Luis José, que ha puesto fin a su encierro ante tan desoladora noticia. Interrumpe la tertulia el secretario de López Carrión, un tecnócrata presente en la reunión, con la noticia de que tiene que presentarse a la mañana siguiente en Madrid. Ha habido una crisis ministerial y Alvaro va a ser cesado, pasando su ministerio a manos de López Carrión. |
